20 de enero de 2013

Isla Mocha, enclave de naufragios y refugio de piratas (Arauco, VIII Región del Bío Bío, Chile)


Ya hablábamos anteriormente de esta isla, por ser el enclave donde se registraron en 2007 importantes hallazgos arqueológicos y antropológicos que dieron nueva luz al problema de la colonización polinesia de América precolombina (huesos de gallina polinésica y mandíbulas humanas del tipo polinésico “rocker jaw”), y la convivencia de polinesios y mapuches, temas que tratamos con más profundidad en otro artículo (Polinesios en América 500 años antes que Colón). Pequeño retazo de tierra de 48km2, elevado a 390 metros sobre el nivel del mar en su parte más alta y habitada por 800 personas (que viven mayormente de la pesca), la Isla Mocha está cubierta en un 48% de bosque nativo, siendo un área silvestre protegida por CONAF, la Reserva Nacional Isla Mocha.
Ilustración holandesa del viaje de Van Noort
Throdor De Bry 1601 (editor)
Historia. Los españoles llegaron a la isla en 1544 con al visita de Juan Bautista Pastene. En 1608, Felipe III decretó el despoblamiento de la isla para evitar que los extranjeros se relacionaran con los indígenas lafkenches (“gente del mar” o “gente del este” en mapudungún), aunque la orden tardó 80 años en ejecutarse, después de los cuales será José de Garro quien finalmente dispondrá el despoblamiento de la isla acusando a sus pobladores (indígenas en su totalidad) de socorrer a los corsarios ingleses y holandeses, y ordenando su traslado al continente, comisión ejecutada por Jerónimo de Quiroga, quien en 1685 viaja a la isla para apresar a los indígenas y llevarles a Concepción (proceso qeuduró hasta 1890), para poblar con ellos un valle a orillas del río Bío Bío que luego sería conocido como Valle de la Mocha, en recuerdo de los indígenas que lo poblaron. Después de este hecho, la isla permaneció 160 años deshabitada (1690-1850), transformándose en un atractivo puerto para los piratas, donde recalar y abastecerse de agua, comida y descanso.
Lugar recurrente de mitos y leyendas mapuche, los lafkenches que la habitaban en la antigüedad la conocían como “isla de los alwe” o de los muertos, de las almas pedidas, o como ”isla venerable”, de la voz mochan (venerar), e incluso como Amuchura, que significa “resurrección de las almas”. Cuando llegó el español Juan Bautista Pastene, la conoció como Weuli o Welliche, que significa “ganancia de la gente”.
Tradición mapuche. La Isla Mocha es un lugar sagrado para la tradición mapuche, que cuenta con la leyenda de los Trempulcahue (del mapuche trempülkalwe), cuatro criaturas marinas sobrenaturales (ballenas) que llevaban las almas de los muertos hasta el lugar del "Ngill chenmaywe" (“el sitio para la reunión de la gente”) y que se relaciona mayoritariamente con esta isla. Estas ballenas serían cuatro mujeres ancianas, transformadas para realizar la tarea a la caída del sol de cada día y a quienes ningún vivo puede ver. Desde esta isla, las ánimas (püllü) se convertirían en espíritu (alwe) y partirían hacia la lejana "región de Occidente". Para ello cada ánima debe hacer una contribución en llancas (piedrecillas de color turquesa) para pagar los servicios de transporte, motivo por el cual al lado del difunto colocaban llancas.
Imagen de Isla Mocha durante incursión del corsario holandés
Joris Van Spilberger de 1616, grabado en un libro de 1619
Piratas, tesoros y naufragios. La isla destaca por ser un lugar donde se dieron numerosos naufragios a causa probablemente de los roqueríos y bajos que la rodean. Los más famosos piratas que visitaron el lugar, el inglés Francis Drake (1579), y los holandeses Olivier van Noort (1600) y Joris Van Spilbergen (1615), lo usaban como enclave de abastecimiento. En cuanto a los naufragios, el vapor Illimani es uno de los casos mejor conocidos, que dejó su esqueleto frente a la isla Mocha la madrugada del 18 de julio de 1879, aunque todos los pasajeros y tripulantes salvaron la vida, e incluso se alcanzó a recuperar la correspondencia y parte de los equipajes. El permanente mal tiempo de la zona habría sido el causante del naufragio, no obstante el capitán Leportiet, según se ha manifestado, navegaba con rumbo tal que les permitía apreciar una distancia de 20 millas de la costa. Los mares bravos de Arauco, y los roqueríos y bajos que rodean la isla, sumados a los vientos arremolinados del sur, suelen causar frecuentes naufragios. Hay documentados al menos 100 desde época colonial. Y no hay receta perfecta para sortear las dificultades, tal vez un poco de suerte y algo de fe. Una de las historias más emblemáticas fue la del navío ballenero Essex. La tripulación trató de capturar a la ballena albina, pero ésta los embistió, el barco se fue al fondo del mar y sólo algunos lograron escapar en botes. La historia incluyó un naufragio de más de 3 meses, canibalismo y un rescate en el archipiélago Juan Fernández. El relato que parece un mito, fue absolutamente real, con material histórico de sobra para ser mencionado como el peor naufragio del siglo XIX.
Literatura. En el siglo XIX fue muy conocido el caso de un cachalote albino que merodeaba la Isla Mocha al que llamaban Mocha Dick (existe el relato que cuenta su historia, del viajero norteamericano J.N. Reynolds, 1839 y 1870). Este hecho, y la epopeya que padeció el ballenero Essex, de Nantucket, Massachusetts, cuando fue atacado por el cachalote (tras ser hundidos vagaron por el Océano Pacífico hasta el archipiélago Juan Fernández, en donde padecieron hambre y sed, llegando al canibalismo, hasta que 91 días después fueron rescatados y desembarcados en Valparaíso, Chile), inspiraron a Herman Melville para su novela de aventuras Moby Dick (publicada en 1851), que, indudablemente, está también basada en las experiencias personales de Melville como marinero. Narra la travesía del barco ballenero Pequod en la obsesiva y autodestructiva persecución de una gran ballena blanca impulsada por el capitán Ahab, que representa la maldad absurda y obstinada, quien sostiene una venganza personal y arrastra a la muerte inútil a su tripulación. La ambigüedad con la que se juzgan el bien y el mal la convierte en heredera moderna de la Odisea y La Divina Comedia. Ahab, con su cicatriz que cruzaba toda su cara y se perdía entre sus ropas (parecida a la cicatriz real de Drake, obtenida según la leyenda por una disputa con los nativos), con su pata de palo hecha de dentadura de cachalote, pasaba horas en el alcázar como si de una estatua se tratase. Una obra de profundo simbolismo que incluye referencias a temas como biología, religión, idealismo, obsesión, pragmatismo, venganza, racismo, jerarquía y política. Los tripulantes del Pequod vienen de orígenes tan variados como Chile, Francia, Islandia, Holanda, Italia, Malta, China, Dinamarca, Portugal, India, Inglaterra, Tahití, España e Irlanda, lo que sugiere que el Pequod es una representación de la humanidad. El autor, Melville, escribió otra novela sobre la trata de esclavos negros inspirado en una pequeña isla chilena más al norte, frente a las costas de la IV Región de Coquimbo, llamada Santa María, de apenas 35 km2.
A partir de la primera edición en 1851, el libro no paró de publicarse en todo el mundo
Cine. Entre otras versiones, en 1956 se filmó Moby Dick, de John Huston, con Gregory Peck en el papel del capitán Ahab, con un guión escrito por el escritor estadounidense Ray Bradbury, y en 1998 se realizó una película para la televisión protagonizada por  Patrick Stewart. Starbuck, era uno de los tres oficiales, y de él toman el nombre los fundadores de la conocida cadena de cafeterías muy aficionados al mar y a la lectura. 



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