23 de enero de 2014

Cirugía craneal en el Perú de hace casi 1.000 años

Una investigación bioarqueológica ha revelado detalles impresionantes sobre trepanaciones (operaciones en las que se hacen perforaciones en el cráneo) efectuadas unos 900 años atrás en la provincia andina de Andahuaylas, en el Perú. El mero hecho de que se realizaran tales intervenciones quirúrgicas, no garantiza que lograran efectos curativos, ni que los pacientes sobrevivieran a la cirugía o no acabaran falleciendo tiempo después como consecuencia de problemas de salud derivados de la operación, ya que la cirugía craneal es arriesgada, incluso hoy en día con el nivel de la medicina actual que incluye un ambiente aséptico, instrumentos quirúrgicos de alta precisión y la administración de grandes cantidades de analgésicos y otros medicamentos especializados con ocasión del procedimiento quirúrgico y después del mismo. Sin embargo, se cree que a veces las intervenciones quirúrgicas tenían éxito y el paciente se recuperaba, pero en otras ocasiones las cosas no salían tan bien. Los análisis permiten determinar cuándo el paciente sobrevivió a una trepanación, ya que se pueden reconocer las pequeñas parcelas de materia ósea que crecieron después de la operación. Hay varios casos claros en los que el sujeto sufrió una fractura en la cabeza y fue tratado con cirugía. En bastantes de estos casos, tanto la herida original como la trepanación sanaron, aunque seguramente tuvieron que pasar varios años para que el hueso volviera a crecer de manera significativa, y en alguno que otro de esos casos, un orificio de trepanación en la cabeza del paciente pudo permanecer durante el resto de su vida. Como resultado de su trabajo en excavaciones en cavernas funerarias de la provincia de Andahuaylas en el Perú, el equipo de la bioarqueóloga y antropóloga forense Danielle Kurin, de la Universidad de California en Santa Bárbara, Estados Unidos, ha conseguido desenterrar y analizar los restos de 32 personas que datan del Período Intermedio Tardío Peruano (aproximadamente entre los años 1000 y 1250 de nuestra era). El análisis de los restos mortales ha revelado un total de 45 operaciones quirúrgicas separadas de trepanación. La investigación de Kurin muestra diversas técnicas y prácticas de corte que fueron empleadas por los médicos en la misma época. En algunos casos, raspaban el hueso, en otros lo cortaban, e inclusive se hacía uso de un taladro manual. Las fotos son de Danielle Kurin.
Cuando un paciente no sobrevivía, es muy posible que su cráneo fuese donado a la ciencia, por decirlo así, y usado con fines educativos, ya que esos cirujanos peruanos de la antigüedad parecían tener bastante claro que era factible perforar el cráneo sin problemas insalvables, pero que un corte accidental en el cerebro tenía casi todas las probabilidades de resultar fatal. Para lograr la pericia necesaria en un trabajo tan delicado, se necesitaba hacer prácticas con cráneos de personas ya fallecidas. Como bioarqueólogos, Kurin y sus colegas pueden reconocer indicios bastante claros de que esos cirujanos de la antigüedad estaban experimentando con cabezas de personas ya fallecidas. Por ejemplo, un cráneo con muchos agujeros, de profundidades distintas, encaja mejor con la actividad de alguien que ensaya trepanaciones mediante técnicas distintas, que con una supuesta operación u operaciones urgentes para intentar salvarle la vida a alguien. Algunas personas de hoy en día podrían considerar que hacer perforaciones en la cabeza de alguien era una forma de tortura, pero Kurin y sus colegas no perciben esa práctica como una forma de agresión, debido a los muchos indicios hallados de que la finalidad de las perforaciones era la sanación de los sujetos. Uno de esos detalles que resultan indicios bastante claros es, por ejemplo, que se afeitaba la zona del cráneo a tratar, lo que parece demostrar que era importante poder ver bien el punto de la perforación para evitar perforar en sitios equivocados. También se aprecian manchas delatadoras de la aplicación de una cataplasma de hierbas medicinales sobre la herida. Los restos mortales que el equipo de Kurin desenterró en las cuevas de Andahuaylas constituyen tal vez la mayor colección de su tipo y bien contextualizada de entre todas las del mundo. La mayoría de los cráneos trepanados estudiados anteriormente residen en museos como el del Instituto Smithsoniano, el Museo Field de Historia Natural o el Museo Hearst de Antropología. La mayoría fueron recogidos por arqueólogos hace un siglo, y la comunidad científica actual no posee buena información contextual sobre tales cráneos, tal como señala Kurin. Sin embargo, gracias a la cuidadosa excavación arqueológica efectuada por el equipo de Kurin en tumbas intactas, y a los análisis metódicos de las momias y esqueletos humanos enterrados allí, se sabe exactamente dónde, cuándo y cómo fueron enterrados los restos mortales encontrados, así como qué era enterrado con ellos.


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